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	<title>Frontera &#124; Concha y Toro</title>
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	<description>El vino chileno más vendido del mundo / The most sold chilean wine in the world</description>
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		<title>Reality del Vino</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Nov 2009 22:29:04 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La industria del vino nunca deja de sorprendernos, The Wine Makers  es el nuevo reality donde 12 enólogos compiten para sacar un vino. Está al aire desde septiembre de 2009 en Estados Unidos y desde el sitio oficial del programa ya están llamando a nuevos participantes a un casting para la segunda temporada. 
Conoce [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La industria del vino nunca deja de sorprendernos, <strong>The Wine Makers</strong>  es el nuevo reality donde 12 enólogos compiten para sacar un vino. Está al aire desde septiembre de 2009 en Estados Unidos y desde el sitio oficial del programa ya están llamando a nuevos participantes a un casting para la segunda temporada. </p>
<p>Conoce el Trailer de este novedoso reality que ha causado furor es USA:</p>
<p><object width="564" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/y_Q-Ge8O1XI&#038;hl=es_ES&#038;fs=1&#038;"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/y_Q-Ge8O1XI&#038;hl=es_ES&#038;fs=1&#038;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="564" height="344"></embed></object></p>
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		<title>La nueva noche de Valparaíso</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Nov 2009 16:42:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En los últimos años, el principal puerto de Chile ha vivido un verdadero boom marcado por la proliferación de pequeños hoteles, amén de sofisticados restaurantes, pubs, discos y tugurios varios. Pese a ello el principal encanto de Valparaíso sigue estando en su oxidada melancolía que, ayer y hoy, lo posiciona como uno de los destinos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.frontera.cl/wp-content/uploads/2009/11/noche-valpo.jpg" alt="noche-valpo" title="noche-valpo" width="340" height="233" class="alignright size-full wp-image-112" />En los últimos años, el principal puerto de Chile ha vivido un verdadero boom marcado por la proliferación de pequeños hoteles, amén de sofisticados restaurantes, pubs, discos y tugurios varios. Pese a ello el principal encanto de Valparaíso sigue estando en su oxidada melancolía que, ayer y hoy, lo posiciona como uno de los destinos más singulares del mundo. Más aún si es de noche.</p>
<p>Siempre se ha dicho que Valparaíso nunca se termina de conocer. Son tantos los cerros, pasajes y laberínticas callejuelas que, inevitablemente, uno termina perdiéndose. Claro que, más allá de la intrincada trama, Valparaíso siempre ha tenido el encanto de mutar, cambiar y, por lo mismo, sorprender. ¿Y ese bar? ¿Es nuevo? ¿Esta casa no era así antes, no?, terminas preguntándote cada vez que viajas a Valparaíso. Y de pronto caes en cuenta en que, aunque hayan pasado sólo unos meses, de nuevo tienes enfrente una ciudad bastante desconocida.<span id="more-93"></span></p>
<p>Tal vez por el hecho de vivir tan cerca del puerto (en Santiago, a no más de una hora y medio en auto) uno cómo que se olvida de Valparaíso. Y, finalmente, siempre es como la primera vez. Más ahora que la ciudad vive un potente resurgimiento y, por aquí y por allá, el puerto se repleta de nuevos hoteles, bares y restaurantes que vuelven a hacer surgir el amor. Tal como la primera vez.</p>
<p>Tres, cuatro años atrás, alojar en Valparaíso era difícil. Salvo clásicos como el Brighton y el Prat -un hotel digno de novela negra, al mejor estilo Raymond Chandler- más una que otra residencial (hostal) de familia, lo cierto es que todo lo que se podría encontrar en Valparaíso no se compadecía con su paupérrima oferta hotelera. Pero las cosas han cambiado. Y, si se trata de pasar un movido, intenso fin de semana, cosa que en Valparaíso equivale a asegurar, como mínimo, dos noches de copas y fiestas, todo debiera comenzar en alguno de los cálidos hoteles tipo Bed &#038; Breakfast que comienzan a inundar la ciudad.</p>
<p>Me habían hablado de varios: ahí está el Ultramar, del cerro Cárcel (Tomás Pérez 173) un pequeño hotelito con fachada estilo italiano del 1900; un hotel boutique ubicado a sólo unas cuadras de la célebre Sebastiana -la casa de Neruda- y el soberbio palacio Baburizza; una verdadera joyita sobriamente decorada con pequeños objetos de reminiscencias pop-art. Otra alternativa, en la misma línea, es la Casa Latina del cerro Concepción (Papudo 462); un hotel boutique donde todo es más bien minimalista, salvo la grandiosa vista a la bahía. </p>
<p>Complementan la lista lugares como el Puerto Natura, del cerro Bellavista, el cual se distingue por ofrecer reiki y baños de barro a sus huéspedes, claro que también una ubicación privilegiada para disfrutar de lugares cercanos como el Museo a Cielo Abierto (y sus bellos murales) y la sorprendente casa de la Fundación Valparaíso, dirigida por el incansable Todd Tempkins, un norteamericano que vino a Chile a enseñar literatura y hoy dirige la principal institución dedicada a restaurar y proteger el patrimonio arquitectónico de la ciudad, hace poco declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.</p>
<p>Así o así mi fin de semana comenzó en el que, creo, es una de las mejores alternativas: el Somerscales, un hotel del cerro Alegre que opera en una casa rescatada, más que restaurada, y que fue donde alguna vez vivió un célebre pintor de marinas y naturaleza salvaje, cosa que explica la profusión de bellos cuadros que incitan a explotar los sentidos. Es que de eso se trata Valparaíso: de respirar profundo, un, dos, un, dos. Y luego, con el pecho erguido, inflado, sentirse como un marinero que acaba de sortear con vida el Cabo de Hornos. Y entonces llega a… Valparaíso… Al paraíso… Cosa que, al menos de noche, no sólo es mito.</p>
<p>Veamos. Ya instalado en el hotel, lo primero es ir por un contundente aperitivo. Y para eso hay varios lugares. O sea que pueden ser varios aperitivos. En mi caso, primero una copa de vino en el Café Vinilo (Almirante Montt 448), sitio en el que puedes elegir qué vinilo escuchar (sí, vinilo) entre una completísima colección. Lo otro es zamparse un trozo de kuchen de palta; extraña especialidad de la casa, sólo para aventureros con estómago outdoor… Otras sitios para más copas son el Café Turri del cerro Concepción (Templeman 147); un gran hotel blanco con gigantescas columnas y vieja barra frente al bar, en el que no es fácil llegar a pensar en qué se parecen Atenas y Valparaíso. ¿En qué? Finalmente, para completar el tour cuando las luces ya se han encendido, está el bar-minicine Valparaíso mi amor, ubicado en el mismo cerro Concepción (Papudo 612). ¿Cuál es la gracia? Bueno, tomar más vino. Y asistir a la vermouth de alguna película 16 mm: generalmente viejos documentales, imposibles de ver en algún otro lugar, los cuales forman parte de la curiosa cineteca de este lugar que se ha convertido en el favorito de artistas como Raúl Ruiz, lejos el cineasta chileno más prominente.</p>
<p>Pero bueno, ya con suficiente bencina en el cuerpo, es hora de asegurar una buena mezcla de combustibles. Es hora de comer. Y la elección hoy en Valparaíso no es nada de fácil. Si se hace caso a Carlos Reyes, un experto que prepara una guía de restaurantes de la ciudad, habría que ir al Caruso, un restaurante de pescados y mariscos donde la casa se pone con el consomé y, aparte, se puede degustar el glorioso pastel de jaibas o el riquísimo filete de atún. Claro que en mi primera noche opté por el Filou de Montpellier, un restaurante que ofrece comida casera francesa y donde hay que probar sí o sí el cordero magallánico. Ojo que también está el Pasta e Vino del cerro Concepción (Templeman 352) el cual a poco andar se ha transformado en uno de los mejores restaurantes de Chile. Y, cómo olvidarlo, el Coco Loco, un restaurante giratorio (Blanco 1781), que en una hora y veinte minutos da una vuelta completa sobre Valparaíso. Quizás la mejor opción para… la segunda y última noche…</p>
<p>El punto es que aún es la primera. Y, como no sólo Paris es una fiesta, es tiempo de mover el esqueleto. Y ahí sí que Valparaíso tiene muchísimo que ofrecer. Todo depende de las ganas, de la energía y de cuantos mariscos se hayan probado. ¿Cómo fue mi ruta? Bueno, hasta donde me acuerdo, más o menos así. Primero La piedra feliz, un pub de la calle Echaurren, que está justo enfrente de una célebre piedra donde no pocos porteños se han suicidado. No conozco Lisboa, pero dicen que ambas ciudades comparten la eterna e intensa melancolía. Pero ojo que si algo sobra en Valparaíso eso es alegría. Y, aparte de la decena de discos y pubs de la calle Echaurren, frente al centro portuario, Valparaíso tiene también la subida Ecuador; una angosta y ululante calle repleta de discos como Mr. Egg y La Locomotora, sitios donde los cuerpos humean al ritmo de los hits del momento. </p>
<p>¿El resto? El resto quizás son los clásicos: La Playa, el J. Cruz (repleto de viejas muñecas y miles de cachivaches digno de la más enfebrecida Feria de Pulgas) y, por supuesto, el Cinzano en la plaza Anibal Pinto.  A esas alturas, hables o no español, todos terminan cantando uno que otro clásico de la ciudad. Por ejemplo “La joya del Pacífico”; el gran himno de Valparaíso, una canción que habla de lo eterna que es esta ciudad. Y de lo altamente adictiva que es. </p>
<p>Una cosa es cierta: en Valparaíso una noche no basta. Dos tampoco. Es que a Valparaíso uno siempre quiere volver. Y, más que dinero, lo que aquí se necesita es una buena aspirina para el dolor de cabeza. No hay que olvidarlo: Valparaíso está a la altura del mar. </p>
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		<title>Germán del Sol, arquitecto del Hotel Explora: Una casa en el fin del mundo</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Oct 2009 16:29:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Germán del Sol descubrió Torres del Paine, en pleno corazón de la Patagonia chilena, cuando nadie apostaba por el cada día más visitado parque. Primero construyó el Hotel Explora y después el Hotel Remota. ¿Pero cómo fue que este arquitecto vislumbró todo el potencial de una zona habitada tradicionalmente por duros gauchos ovejeros? ¿Acaso imaginó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.frontera.cl/wp-content/uploads/2009/10/explora-torres.jpg" alt="explora-torres" title="explora-torres" width="340" height="218" class="alignleft size-full wp-image-116" />Germán del Sol descubrió Torres del Paine, en pleno corazón de la Patagonia chilena, cuando nadie apostaba por el cada día más visitado parque. Primero construyó el Hotel Explora y después el Hotel Remota. ¿Pero cómo fue que este arquitecto vislumbró todo el potencial de una zona habitada tradicionalmente por duros gauchos ovejeros? ¿Acaso imaginó qué Torres del Paine se convertiría en el destino más apetecido de Chile? ¿O que la fiebre por la Patagonia tendría alcance mundial? Germán del Sol responde aquí por sus actos. Uno por uno. <span id="more-90"></span></p>
<h4>Primer acto: el descubrimiento</h4>
<p>Me encargaron arreglar las oficinas de la aerolínea Ladeco en todo Chile y, como a mi socio no le gustaba volar, yo tuve que visitar todas las obras. Venía del canal Beagle, donde habíamos arreglado una hostería, y pasé por Torres del Paine. Ahí me di cuenta que el parque estaba prácticamente abandonado. Era comienzos de 1988 y todo estaba a punto de cerrar. Pero yo dije “aquí hay un recurso extraordinario, esta es una reserva de gran belleza, pero la gente no puede ver todo lo que hay”. Le propuse entonces al gerente de Ladeco, José Luis Ibáñez, que armara un proyecto turístico para Chile. Me respondió que yo mismo lo hiciera. Y finalmente Pedro Ibáñez, hermano de José Luis, fue quien consiguió los derechos para levantar el hotel.</p>
<p>Me acuerdo que iba a bordo de un pequeño avión DAP, que volaba de Punta Arenas a Puerto Williams, cuando escribí en un cuaderno los fundamentos del Explora. Se llama “El arte del viaje” y sirve para definir el espíritu del asunto.</p>
<p>A mí entender la Patagonia no es un lugar deshabitado y virgen, como suele parecer. El atractivo que tiene la Patagonia es que ha sido habitada durante miles de años, con pastoreo y estancias, y aún así la obra humana no ha alcanzado a destruir nada importante. Ese es el hecho que realza su salvajismo y lo que me motivó a desarrollar un proyecto para dar uso fecundo a un territorio que sigue estando deshabitado.</p>
<p>En general los parques chilenos tienen vida gracias a esa cualidad. En los parques norteamericanos, si ven una araña, la exterminan. Son parques como de juguetería. En Chile, en cambio, está lleno de territorios que no hay que poseer, sino recorrer, ocupar, habitar, sin controlarlos. Cuando controlas el territorio se pierde lo inesperado. Y ese es para mí el sentido último de los viajes.</p>
<h4>Segundo acto: el Hotel Explora</h4>
<p>La arquitectura de un hotel es el resultado de un complejo plan. Y mi plan con el Explora era bajar la expectativa al mínimo posible. Imagínate: las visitas viajan, no sé, doce o veinte horas hasta llegar a Santiago. Y luego deben volar otras seis hasta Punta Arenas. Más otras seis, por tierra, hasta Puerto Natales. Ya en el camino, con las curvas y la tierra, van maldiciendo a más no poder. Llegan al hotel a oscuras y se encuentran con que es un lugar pequeño en un entorno gigantesco. Ven la entrada y es una puerta chica. En ese momento las expectativas bajan a cero y cualquier cosa que pudiera aparecer sería extraordinaria (cuando tienes expectativas, no ves lo que hay).<br />
De repente aparece el interior: todo forrado en madera nativa, muy cuidado y con colores cálidos. La administradora los espera con un pisco sour y los invita a pasar al bar, donde reviven y se quedan hasta la una de la mañana conversando.</p>
<p>Al día siguiente aparece el hotel, justo en medio de una naturaleza exuberante y entonces prende el deseo de aventura. Explora significa Sociedad Exploradora del Sur de América, precisamente porque propone pasear, salir a explorar. En esa exploración es cuando se te olvida el mundo cotidiano y todas esas cosas que a veces neurotizan tanto.</p>
<p>Durante el día, cuando te estás mojando o pasando frío, sabes que a las siete de la tarde el juego se suspende y te estará esperando una rica piscina tibia. Es como el cuento del “Guardián en el centeno”; tal como ese niño que quería cuidar a otros niños, el hotel cuida a su gente sólo con su presencia. Es un refugio que está conectado con el ambiente del lugar; tanto con el suelo como con el cielo. Arriba están las nubes blancas, abajo la nieve blanca y, en el medio, el hotel que también es blanco.</p>
<p>Conde Nast Traveller lo ha elegido varias veces como uno de los mejores hoteles del mundo. Y a mí me enorgullece porque es único e irrepetible. Es un esfuerzo por hacer arquitectura propia sin pecar de provinciano.</p>
<h4>Tercer acto: Hotel Remota</h4>
<p>Me encargaron un hotel a la salida de Puerto Natales, mirando el canal Señoret. Como en arquitectura no hay una solución, ni menos una sola que sea buena, sino muchas, lo que hicimos con este nuevo hotel fue tratar de olvidarnos del Explora. Así es que pusimos el acento en otras cosas. El Explora está basado en el lujo sin limitaciones, pero el Remota está basado en cierto lujo con limitaciones.</p>
<p>Esto no es un Club Méditerranée, donde vienen unas personas simpáticas a invitarte a bailar con otras personas simpáticas. Aquí el lujo está en el silencio, en gruesas toallas que se mantienen tibias o en camas que te dan sueño de sólo mirarlas.</p>
<p>El Remota es un hotel que está al servicio de las personas, pero para ponerlas en contacto con la naturaleza del lugar. Un mochilero no tiene la libertad de salir a caminar todo el día, porque tiene que preocuparse de su comida y de dónde va a pasar la noche. Aquí, en cambio, la supervivencia corre por cuenta del hotel: te traen el almuerzo, te cargan las cosas, te ofrecen paseos, te llevan al SPA. Son 120 habitaciones repartidas en dos pisos, con un espacio común en el que los fuegos están encendidos y el agua está corriendo. Todo es muy rústico. Pero todo cinco estrellas.</p>
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		<title>Rafting en el Futaleufú</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Sep 2009 15:53:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Aventura]]></category>
		<category><![CDATA[Deporte]]></category>
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		<description><![CDATA[El Futaleufú, en pleno corazón de la Patagonia, es uno de los ríos con más y mejores rápidos del planeta. Por eso todos los veranos llegan cientos de turistas, chilenos y extranjeros, y ahora el pequeño pueblo promete convertirse en la capital mundial de los deportes de aguas blancas. 

Llegué a Futaleufú agotado. Exhausto. Y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El Futaleufú, en pleno corazón de la Patagonia, es uno de los ríos con más y mejores rápidos del planeta. Por eso todos los veranos llegan cientos de turistas, chilenos y extranjeros, y ahora el pequeño pueblo promete convertirse en la capital mundial de los deportes de aguas blancas. </p>
<p><img src="http://www.frontera.cl/wp-content/uploads/2009/09/rafting-futaleufu.jpg" alt="rafting-futaleufu" title="rafting-futaleufu" width="554" height="267" class="alignnone size-full wp-image-114" /></p>
<p>Llegué a Futaleufú agotado. Exhausto. Y ansioso. Después de casi cuatro horas de viaje arriba de un bus desvencijado, por fin estaba en uno de los destinos estrella de la Patagonia chilena; un remoto rincón en el que estrellas de Hollywood como Antonia Banderas han comenzado a comprar tierras. Sí, finalmente había llegado a uno de los ríos más caudalosos del mundo. Por fin podría entender por qué veinte mil turistas llegan cada verano con un sólo y desquiciado propósito: arriesgar el pellejo, lanzándose río abajo.<span id="more-82"></span></p>
<p>Para raftistas y kayakistas, el Futaleufú está en la misma categoría que los ríos más top del mundo como el Colorado en Estados Unidos; Zambezi en Zimbabwe; Tsang Po en China y Franklin en Australia.  Por eso el año 2000 se celebró en este austral, tranquilo y cálido pueblo, el Campeonato Mundial de Rafting. Y eso es, justamente, lo que explica que las excursiones y las semanas de full adventure se cobren en dólares. Y no en pesos, la moneda local.</p>
<p>El río Futaleufú nace en Argentina (la frontera está a exactos diez kilómetros) y hacia fines del verano, en plena temporada turística, alcanza un ancho promedio de ciento diez metros. Qué decir de sus aguas: tiene varios rápidos grado cinco en la escala de dificultad que califica entre uno y seis lo que es humanamente posible transitar. Recorrer. Intentar. Probar.</p>
<p>Eso quiere decir que el Futa, como los lugareños le dicen al río, mueve enormes volúmenes de agua y en ciertos puntos exige técnicas de remo muy precisas para lograr salir con vida. De hecho, en los últimos diez años, el Futaleufú -un río de intenso color turquesa, que aparentemente es tranquilo, pero vaya que puede ser traicionero- se ha tragado a al menos seis personas.</p>
<p>Es verdad. Estoy en el Shangri-La de los ríos. Y eso me lo dejan claro en la oficina de Expediciones Chile; una de las tres empresas con más experiencia y prestigio en los descensos. Las otras son Earth River y Bio Bio Expediciones.</p>
<p>Claro que hay una diferencia. La compañía en la que acabo de pagar pertenece a Chris Spellius, un antiguo medallista olímpico que inició la explotación turística del río después de probarlo solo a bordo de su kayak, a mediados de los 80´s.</p>
<p>Chris es un tipo rudo. No tiene cuello, sino un tronco afeitado. Sus manos no parecen manos, sino dos enormes remos. Y su currículum deportivo está plagado de “grados cinco”. Así es que nada puedo hacer sino sumarme con fe al grupo de turistas que esta mañana, por fin, conocerá el famoso y temido Futa. El plan es bajar en rafting el tramo más popular. Lo que aquí se llama el &#8220;puente a puente&#8221;, un duro circuito que consta de al menos nueve rápidos: ocho grado cuatro y un grado cinco, con nombres tan gráficos como Tiburón y Cazuela.<br />
Conforman el improvisado equipo un alemán, amante del sur chileno, cuatro estadounidenses que acaban de terminar un curso de naturaleza extrema y yo. </p>
<p>Por el lado de la empresa, bajarán en kayak dos canadienses que son &#8220;rescatistas&#8221; profesionales, otro norteamericano que está a cargo de nuestra balsa y un chileno que conducirá el cataraff, una especie de balsa gigante que es la última línea en caso de rescate. En total, cuatro guías para cinco turistas. ¿Se va entendiendo de qué va esto?</p>
<p>-¿Dónde hay más probabilidades de caerse? -pregunto a Chris, cuando concluye la primera charla de seguridad.</p>
<p>-Ufff. En varias partes -responde sin sarcasmo.</p>
<p>El río está alto y el tramo contratado incluye al Mundaca, un temible rápido grado cinco que termina justo donde comienza una enorme piedra.  La &#8220;línea de seguridad&#8221; por la que debemos bajar pasa justo entre unos temibles requerios, en una pendiente de treinta grados. Terrible. Es justamente aquí donde el río pierde su color turquesa para volverse completamente blanco. Las corrientes son caóticas. Hay espuma por todas partes, el ruido es ensordecedor y no se distingue el supuesto &#8220;camino&#8221; a seguir.</p>
<p>Baja primero uno de los kayakistas. Aunque por un momento desaparece bajo las olas, consigue avanzar sin problemas. Sigue el otro quien, con un movimiento preciso de los remos, evade por la derecha la tremenda roca que divide al río en dos. Ahora es nuestro turno. El cataraff nos vigila de cerca y, en cuestión de segundos, estamos dando la pelea. Y qué pelea. Remo con tanta fuerza como puedo. “Derecha-adelante”, “derecha-adelante”, grita el guía a todo pulmón. Y yo, como los demás, clavo el remo por la derecha hacia delante. “Izquierda-atrás, “izquierda-atrás”, grita esta vez. Y ahí vamos tratando de que la balsa retroceda hacia la izquierda. Cosa que se vuelve crítica cuando ya sabes que, justamente, es de estos movimientos que depende tu vida. Y la de todos en tu grupo.</p>
<p>Los segundos se vuelven horas. Hay agua en todas partes. Me balanceo hacia delante y hacia atrás, pero también hacia arriba y hacia abajo. Siento que estoy dentro de una lavadora y que si no me aferro a la balsa voy a salir expedido en cualquier momento. De pronto uno cae. O casi. Justo cuando a uno de los estadounidenses se le suelta una pierna y después la otra, el compañero del lado lo toma por los hombros y lo reincorpora. Lo salva. El Mundaca, velozmente, queda atrás.</p>
<p>-¡Increíble! ¡Increíble! ¡Hasta respiré agua! -comenta el norteamericano que no se cayó, empapado hasta los huesos, cuando concluye la bajada.</p>
<p>Los guías despliegan eficiencia militar para recoger la balsa, subir los kayaks al mini bus en el cual llegamos, reunir los remos y planificar la bajada del día siguiente. La aventura tiene su propia rutina. Y a mí simplemente no me sale la voz. Salvo cuando me entero que en la noche, en la discoteque de Futa, habrá un campeonato de chamamé, el baile típico de la Patagonia.</p>
<p>-¿Y habrá cerveza? -balbuceo.</p>
<p>-Mucha cerveza, asado de cordero, vino, mujeres, truchas, lo que quieras -dice Chris.</p>
<p>Y créanme. Fue verdad.</p>
<h4>Información útil</h4>
<p>La manera más directa de llegar a Futaleufú es en auto a través de Argentina. Después de cruzar el paso Cardenal Samoré, a la altura de Osorno (en Chile) hay que alojar en Villa La Angostura o Bariloche, luego avanzar hasta Esquel y entonces reingresar a Chile. Desde Santiago son al menos dos días. </p>
<p>En avión se debe llegar a Puerto Montt y luego tomar una avioneta a Chaitén y allí subirse al bus de recorrido Chaitén-Futaleufú (3, 4 hrs.).</p>
<h4>Para dormir</h4>
<p><strong>Hotel El Barranco:</strong> elegante lodge de pesca calificado con &#8220;cuatro cañas&#8221; por sus pares. Con acceso para discapacitados. O´Higgins 172; tel. (65) 721 314; <a target="_blank" href="http://www.elbarrancochile.cl">www.elbarrancochile.cl</a></p>
<p><strong>Hostería Río Grande:</strong> con habitaciones dobles, triples y un departamento familiar. O&#8217;Higgins 397; tel. (65) 721320; <a target="_blank" href="http://www.pacchile.com">www.pacchile.com</a></p>
<h4>Para comer</h4>
<p>Martín Pescador: es el mejor restaurante de Futaleufú y está a cargo de la chef Tatiana Villa blanca. Balmaceda 603, tel. (65) 721279.<br />
Restaurante Futaleufú: ofrece comidas abundantes y baratas a toda hora. Pedro Aguirre Cerda 407.</p>
<h4>Más información</h4>
<p><a target="_blank" href="http://www.futaleufu.cl">www.futaleufu.cl</a></p>
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		<title>Vino solidario</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Aug 2009 04:41:05 +0000</pubDate>
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Esta iniciativa une vino con una causa solidaria. The Fledling Initiative junto a Twitter y Crushpad, dona 5 dólares por cada botella vendida a la organización Room to Read, una Organización sin fines de lucro que lucha por dar educación a los niños más desamparados.
http://www.fledglingwine.com/index.html
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a target="_blank" href="http://www.fledglingwine.com/"><img src="http://www.frontera.cl/wp-content/uploads/2009/08/fledglingwine.jpg" alt="fledglingwine" title="fledglingwine" width="550" height="301" class="alignleft size-full wp-image-436" /></a><br />
Esta iniciativa une vino con una causa solidaria. The Fledling Initiative junto a Twitter y Crushpad, dona 5 dólares por cada botella vendida a la organización Room to Read, una Organización sin fines de lucro que lucha por dar educación a los niños más desamparados.</p>
<p><a target="_blank" href="http://www.fledglingwine.com/index.html">http://www.fledglingwine.com/index.html</a></p>
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